sábado, 26 de enero de 2013

El Cincel Onírico



Me gustaría barajar las palabras para daros la mejor mano,
Ser el crupier tramposo del casino de los sueños y no por mí, 
Pues de mí son estas letras una capa de piel borrosa,
Más clara que el betún de mi tez, pero apariencia y nada más. 
Por más que me desgarro los huesos os perdéis en la esquina siguiente,
Sin verme, así que decidí perderos por mí mismo en el laberinto de vuestra mente, 
Anudando la imaginación envenenada de un viaje soporífero por las cordilleras de la coherencia. 
Sígueme, perdámonos entre los espacios de las palabras escondiendo el sentido 
Ausente del mar de noche en el reflejo de un aroma dibujado por el cielo 
De un planeta desconocido, y si quieres conservar tus alas,
Ángel de sangre y fuego,
Mueve el viento con la furia del golem, hacia un mañana 
Esculpido de arena y tiempo, de tormentas, de sueños.

Toma el aire un sabor templado marrón en el ambiente 
Opresivo de la buhardilla, es ahí donde yace bocabajo 
Un muñeco de trapo roído por el tiempo y el polvo, junto
A muebles que parecen meditar desde hace años.
Aunque hoy algo ha cambiado en la vieja habitación. 
Como si cansado del tiempo, el muñeco hubiera decidido 
Despertar de su coma hipnótico, empuja el suelo de vieja 
Madera tratando de levantarse con cierto éxito, pues tras 
Un breve desequilibrio termina cayendo de culo alzando 
Una molesta nube de polvo que dormía plácidamente. 
Sentado y sorprendido de sí mismo palpa con sus manos
Torpes de tela un par de botones desiguales que le 
Cuelgan desde su cabeza, sus ojos. 

Estirando con cuidado el hilo que cuelga a su espalda,
El botón derecho, grande y negro, quizás de algún 
Chaquetón ya olvidado, se coloca suavemente,
Dándole por fin cierta semejanza a una cara. 
El otro botón, probablemente de una camisa de caballero,
Por desgracia pierde su hilo dentro de sí mismo, 
Por lo que cuelga a la altura de su boca descolorida. 
Junto a él queda un poco de vellón, que ha perdido 
Por la cicatriz abierta que hay en su costado izquierdo. 
Con cuidado lo coge, y con cierta maña, lo vuelve a 
Introducir en su interior y estira de una hilacha para cerrar
Bien la herida.




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