viernes, 21 de septiembre de 2012

Salmo 39


                            

Yo quise cuidar mis caminos
Y pude guardar mis palabras
Pareciera un castigo
Cuando intento darte la espalda.

 Freno mis labios, callan mis manos
Frente a lo que pueda trascender y matar;
Podría caer en el abismo
Descender en una riada.

 Circundó el silencio más apasionado
Se liberó el dolor que me aguardaba
Me ha esperado y me ha llevado
En su templo mi nombre propagaba.

En mi interior se enciende un calor
El deseo de vivir lucha
Que ya a la superficie llegó
Y se hace mayor hasta tener palabras

Declárame la predestinación
Sobre mi corazón  tus deseos  desliza
Y  la decrepitud ante mis ojos
Hagan memoria de tu inmensidad.

  
Y todo mi honor, todo mi valor
Se desvanece al brillar mi humanidad
Lo inmaculado esta fundido, donde ha quedado?
Esculpido en un sueño ancestral.

Mis deseos se están  disipando
y contemplo en la escases  de mi fuerza
Que en cuanto más espero
se hace más real tu presencia.

Los que creí más fuertes han caído
y ahora que más he de esperar?
 Al caminar sobre estas ruinas
Mi mente liberaras.

Nada más que un pequeño instante soy
Como  la más insignificante brisa
Que no se sabe dónde ha quedado
Transformada en  nada.

Esté yo entre tus recuerdos
Dale  un momento a mis palabras
 Eres tú el que me concibió
Venga tu gracia, tu protección.

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